viernes, 16 de mayo de 2008

Cómo regar las orquídeas

Una de las flores más apreciadas en el mundo de la jardinería es la orquídea. Sus formas voluptuosas y colores intensos hacen de esta planta la opción perfecta para regalar flores y adornar el jardín o el interior de una casa. Pertenecientes a la familia Orchidaceae y del tipo monocotiledónea, las orquídeas cuentan en su haber con más de 17.000 especies en todo el mundo.

Sus flores son muy vistosas y llamativas. De hecho, las orquídeas son una de las más cultivadas en la industria de la floristería y jardinería. Aunque predominan en climas ecuatoriales, las orquídeas también viven en lugares más templados. Estas plantas pueden desarrollarse en el suelo, aunque también crecen sobre ramas de árboles o en rocas, en cuyo caso sus raíces se desarrollan dentro de materia orgánica o en el aire, obteniendo el agua de un tejido acumulador que se denomina velo.

Una de las primeras lecciones que debemos aprender a la hora de cultivar orquídeas es el riego. Estas flores son tan bellas como delicadas, por eso, antes de plantar esta variedad debemos aprender cómo se le administra adecuadamente el agua.

Las primeras normas a tener en cuenta
Es muy difícil ofrecer pautas generales para regar estas flores, ya que el agua que tenemos que administrar depende de muchos factores, entre ellos, la variedad de la flor, su tamaño, el ambiente donde se encuentra, su grado de desarrollo, entre otros condicionantes. Un buen método es analizar las hojas y las raíces. Por regla general, las orquídeas epífitas, es decir, aquellas que viven sobre otras especies vegetales (ramas de árboles normalmente), suelen soportar mejor la carencia de riego que el exceso del mismo.

Lo primero que debemos saber es que, si están en maceta, nos olvidaremos del plato que se suele poner debajo del tiesto. Nunca mantendremos la base de la maceta en contacto con agua. Y nunca utilizaremos agua fría o caliente para regar, siempre agua templada o del tiempo.

Asimismo, nos informaremos bien del tipo de orquídea que tenemos, porque existen especies en las que es mejor que la tierra no se llegue a secar completamente entre riego y riego.

En verano regaremos dos o tres veces a la semana, mientras que si estamos en invierno, lo mejor es proceder al riego una vez a la semana. Siempre lo haremos por la mañana. Regaremos preferiblemente con agua abundante y pocas veces, mejor que en muchas ocasiones y con poco agua, ya que de este modo podemos pudrir nuestra orquídea.

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viernes, 11 de abril de 2008

El poto, una trepadora para el interior (II)

Los cuidados adecuados
Para que el vegetal tenga un desarrollo óptimo es imprescindible la luminosidad, aunque no es recomendable exponerlo al sol directo, ya que las hojas perderían parte de su intenso color verde. Aunque el riego moderado es necesario, el exceso de agua y los encharcamientos no son apropiados para el poto: las hojas adquieren un tono amarillento y pueden llegar a pudrirse.

Su salud será inmejorable si abonamos el sustrato durante el verano, para evitar la falta de minerales que provocarían enfermedades como la clorosis férrica. Además, las hojas lucirán todo su esplendor si limpiamos las hojas con un paño humedecido y si vaporizamos ligeramente. Para evitar que el crecimiento del follaje disminuya, podaremos regularmente los tallos.


Atento a su salud
Aunque las plagas no suelen ser un problema para el poto, en ocasiones aparecen orugas o lombrices, que causarán agujeros en la superficie de las hojas, cochinillas, que las deforman y se combaten con alcohol o insecticidas, ácaros, que eliminaremos con acaricidas o rociando agua, y trips, a los que aplicaremos productos químicos específicos.

Las enfermedades son más comunes en estos ejemplares de interior. Entre ellas destaca la clorosis férrica, una deficiencia en los niveles de hierro del sustrato que solucionaremos con abonos ricos en este mineral y regando de vez en cuando con agua de lluvia. Además, también le afectan el pynthium, una clase de hongo que provoca la putrefacción de la planta y erwinia, una bacteria que aparece por un aporte excesivo de abono o por la exposición a bajas temperaturas.

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viernes, 28 de marzo de 2008

El poto, una trepadora para el interior

A la hora de crear un ambiente acogedor en el hogar, los elementos vegetales son uno de los recursos fundamentales. Tallos cortados, arreglos con flores secas y, cómo no, todo tipo de plantas de interior nos ayudarán a crear un estilo propio en recibidores o salones. Entre las más populares encontramos el poto, del género epipremmum, que pertenece a la familia de las aráceas.

Si lo que buscamos es un ejemplar que no requiera excesivos cuidados, esta liana trepadora originaria de zonas tropicales de Asia y el Pacífico es una opción segura. Además, posee una alta resistencia a periodos de sequía y a la contaminación. Sus decorativas hojas de color verde con pequeñas manchas blancas o amarillas llenarán cualquier rincón en poco tiempo, gracias a su rápido crecimiento: puede alcanzar los 40 cm. en un solo año.

Un fácil cultivo
La reproducción de cualquiera de las variedades de poto, entre las que destacan la aureum y la pinnatum, se realiza en primavera, mediante esquejes. Para ello, cortaremos de la planta madre un tallo con nudo y varias hojas. A continuación, lo plantaremos en un recipiente, en un sustrato permeable preparado con mantillo, arena y turba.

Una opción más sencilla es introducir el esqueje en agua. La raíz aparecerá en unas tres semanas y ya podremos cultivarlo en la maceta. Cuando crezca, necesitará mayor espacio para desarrollarse; aunque no es necesario trasplantarlo anualmente, conviene realizarlo cada dos años, siempre en primavera. Asimismo, si colocamos un soporte alargado en el recipiente, los tallos irán trepando a medida que ganan altura.

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jueves, 13 de marzo de 2008

El desarrollo de un bosque tropical (II)

Diversidad de flora
Sin duda, el bosque tropical es el ecosistema que posee mayor diversidad de plantas. De hecho, muchos científicos aseguran que en el Amazonas es posible encontrar todavía especies de flora desconocidas o poco estudiadas. Miles de árboles cubren los trópicos, cada vez más erosionados por la mano del hombre.

De todos los biomas, éste es el que tiene mayor diversidad de plantas. Hay miles de especies de árboles y es posible encontrar algunos centenares de ellas en superficies relativamente pequeñas. Las palmeras se identifican fácilmente con los climas tropicales, sin embargo, son más propias de temperaturas especialmente cálidas, y resisten la ausencia de agua durante periodos prolongados.

Las gimnospermas son raras en estos lugares, excepto las cycas. Las monocotiledóneas y helechos proporcionan numerosas variedades, muchas de ellas arborescentes. Existen muchas familias de árboles, algunas de ellas únicas en este tipo de climas: leguminosas, caparidáceas. piperáceas, ficus y moreras, melidáceas (aglaias, melias, carapas), anonáceas, laureles, anacardos, verbenas, myrtacéas (como eucaliptos), entre otras variedades.

Las orquídeas y ciertas herbáceas son plantas típicamente tropicales, distribuidas por todos los continentes. Las lianas y enredaderas se encuentra principalmente en las familias vitáceas, leguminosas, passifloráceas, convolvuláceas y cucurbitáceas.

La ley de Darwin
Tal y como descubrió Darwin con la selección natural, aquellas especies que no se adaptan al medio, desaparecen. Y en la jungla esa máxima se muestra en su más cruda faceta. La competencia por la luz hace que los árboles tengan la capacidad de pelear por un pequeño rayo de sol: se quedan en una especie de letargo bajo el dosel vegetal, hasta que aparece un poco de luz, que es cuando crecen hacia el cielo para aprovechar el escaso sol al que pueden aspirar.

Las lianas y enredaderas crecen hacia arriba para absorber luz, mientras que las hojas de los árboles que reciben más luz son más duras y resistentes a la fuerza del sol en estas alturas. Otras plantas cambian la orientación de sus hojas para no recibir los rayos del sol directamente.

Los hongos del suelo se asocian en las raíces, de forma que se conectan directamente y aprovechan de un modo más eficiente el humus del suelo. Los animales son los que se encargan de la polinización.

Hoy en día, los bosques tropicales están en serio peligro, no sólo por la caza furtiva de ejemplares autóctonos, también por la deforestación, ya que en estos lugares existe madera de calidad en cantidades ingentes. La presión demográfica también obliga a muchos países a destruir bosques con el fin de generar campos de cultivo o de explotación ganadera. La erosión y la contaminación de los ríos ecuatoriales son otros dos problemas que se suman a la crisis que vive el Trópico.

Estos bosques constituyen el 'pulmón' del planeta. Su riqueza y diversidad biológica son esenciales para mantener el equilibro en la Tierra, de ahí la necesidad de conocer y proteger estos exuberantes ecosistemas.

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martes, 4 de marzo de 2008

El desarrollo de un bosque tropical

Los bosques tropicales son uno de los ecosistemas más complejos que existen, de ahí que reproducir en el jardín las mismas condiciones que se dan en estos lugares sea una tarea difícil, aunque no imposible. Los trópicos se caracterizan por tener ambientes muy húmedos que se derivan de las fuertes precipitaciones y del calor sofocante. Estos entornos naturales están formados por un dosel de ramas entrelazadas donde emergen árboles altos que buscan los rayos del sol.

La humedad es la clave para mantener en perfectas condiciones un jardín tropical, por eso, a no ser que el clima sea húmedo y caluroso, será muy difícil configurar este tipo de jardín en el exterior. A menudo se recurre a invernaderos para poder reproducir las condiciones de los climas tropicales: es el caso, por ejemplo, del bello jardín tropical que acoge la madrileña estación de Atocha.

Aunque en los climas tropicales las precipitaciones son estacionales, apenas hay sensación de sequedad. Por eso, estos jardines requieren agua de manera abundante, sin llegar a encharcar la tierra. Para favorecer la transpiración es importante que el agua rocíe las plantas y sus hojas.

Suelos y plantas
Los suelos de las regiones ecuatoriales quedan condicionados por el alto índice de lluvias. Los perfiles del suelo son profundos y el terreno es ácido, rico en aluminio y óxidos de hierro, lo que le otorga cierto tono rojizo.

Bajo ciertas condiciones de lluvia, el hierro se concentra, endureciendo parte de la tierra, y haciéndose impenetrable por las raíces. La mayoría de los nutrientes y materiales orgánicos quedan en la parte más epidérmica del suelo, debido a que la descomposición es muy rápida. Esa gran actividad biológica hace que quede poca hojarasca sobre el suelo, ya que todo se recicla rápidamente. También es muy veloz el crecimiento de los árboles en las zonas tropicales.

Los bosques tropicales tienes aproximadamente cinco niveles de vegetación: emergentes, que son los que reciben la luz directa del sol, un dosel superior y un dosel inferior, el sotobosque y, por último, la zona más próxima al suelo, donde crecen arbustos y hierbas.

La mayoría de las especies de plantas son siempre verdes, sus hojas son elípticas y, con frecuencia, poseen una punta alargada, con punta de goteo, para evitar que las lluvias torrenciales se arruinen la planta. Las hojas suelen ser muy grandes, para recibir la mayor cantidad de luz posible.

Los troncos de los árboles tienden a ser de color claro, rectos y verticales, con una corteza lisa y llena de líquenes. Las plantas epífitas, que se desarrollan encima de otras, y trepadoras, tales como las lianas, proliferan en los altos árboles. Todas las plantas luchan en el bosque ecuatorial por arañarle al cielo unos ligeros rayos de sol.

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viernes, 15 de febrero de 2008

Las plantas de interior

El frío va llegando poco a poco y no queremos renunciar al placer de tener con nosotros nuestras plantas, que durante todo el verano nos han alegrado la vida y a las que hemos cuidado con mimo y colmado de atenciones. Pensamos que bien podríamos disfrutas de ellas aunque venga el frío, pues ahí están las plantas de 'interior'. No existen plantas de interior auténticas, en su estado natural, puesto que todas viven al aire libre. Unas a pleno sol, otras en semi-sombra y otras en sitios de sombra; en climas fríos, en trópicos o en climas suaves, pero todas al aire libre.

Las plantas se pueden aclimatar adaptándose a un ambiente distinto del suyo, pero no pueden adaptarse a un ambiente de aire enrarecido o escaso, por lo tanto, se puede decir que no existe ninguna planta de interior propiamente dicha. Este cultivo es difícil de conseguir con éxito, pues las plantas se encuentran fuera de su hábitat natural. Existen algunas variedades que durante su reposo vegetativo pueden permanecer sin peligro varios meses seguidos dentro de una habitación. Estas son las que en jardinería se llaman plantas de interior.

Facilidad de cultivo
Las mejores plantas de interior son las que proceden de climas subtropicales, de lento desarrollo, con largos periodos de reposo y sin necesidad de sol directo ni de mucha luz. Son plantas que evaporan poca agua, aún así debemos tenerlas en una habitación con muy buenas condiciones de clima, humedad. aire y luz esa es la manera de que las plantas resistan.

Hasta aquí lo tenemos claro: que las plantas para vivir y desarrollarse necesitan un clima adecuado de humedad, luz y calor moderado y que si bien pueden pasar con nosotros una parte del año, todas, todas prefieren pasar un tiempo (en cuanto llega el buen clima) al aire libre, pero nunca debemos sacarlas al exterior antes de que tengamos asegurado el buen tiempo, es decir que no habrá bruscos cambios de temperatura, no mantenerlas expuestas directamente al sol, ya que al estar en el interior ya han perdido la costumbre.

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jueves, 7 de febrero de 2008

Jacinto, la flor de la constancia (II)

Floración
Cuando las hojas se abren, podemos observar como emerge del centro un racimo de flores, que encontrará su máximo esplendor en el mes de marzo. Las flores se conservarán durante dos semanas, a lo sumo tres. Con el calor, las flores se marchitan, así que pueden durar menos con altas temperaturas o si se cultiva en el interior.

Normalmente, tras las primeras flores, viene una segunda inflorescencia menos espectacular. Para ayudar a la planta, tendremos que cortar todo lo que se pueda cuando haya pasado la primera inflorescencia.

Multiplicación
Para reproducir los jacintos, las semillas es un proceso lento e inseguro. Los bulbos son la mejor opción y se pueden comprar en otoño fácilmente en cualquier vivero, con brotes o sin ellos. No obstante, los mismos jacintos producen pequeños bulbos que nos pueden servir para cultivar nuevas plantas.

Para forzar a los bulbos a generar bulbillos podemos recurrir a dos técnicas:

Se corta la base del bulbo, justo de la parte donde salen las raíces, de manera que todas las hojas del bulbo se hayan cortado. Se aplica fungicida y se deja el bulbo en una zona fresca y ventilada hasta que se formen en el corte los pequeños bulbos. En octubre se planta el bulbo-madre y se cubre con sustrato cada uno de los bulbos-hijo. En verano podremos sacarlos de la tierra y separar los bulbos.

Otra alternativa más sencilla es hacer en la base del bulbo dos cortes en cruz poco profundos. Si se deja en un sitio seco hasta que se abran los cortes. Al trasladar el bulbo a un lugar ventilado y oscuro, se desarrollarán los bulbillos en esos mismos cortes. as cortes se abran. Luego se deja en una habitación oscura y fresca hasta que se desarrollen bulbillos, que se pueden sembrar en otoño.

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