viernes, 15 de agosto de 2008

Las rosas también se oxidan (II)

Medidas preventivas
  • Antes de plantar un rosal, elige uno que sea resistente a la roya.
  • Nunca rocíes con agua las hojas de tu rosal de noche, porque si se asienta una capa de humedad durante varias horas, es muy probable que se forme esta plaga.
  • Planta rosas en áreas que reciban sol directo y permite que se aireen bien.
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viernes, 25 de julio de 2008

Las rosas también se oxidan

Entre las enfermedades que pueden atacar a tus rosales existe la roya, un hongo que afecta a diversas especies. Se asemeja a un tipo de herrumbre (óxido de hierro) por sus pústulas de color anaranjado, como polvillo sobre las hojas de las rosas y en los tallos.

Se trata de un organismo que se beneficia especialmente de las altas temperaturas y la humedad constante. Te damos algunos trucos para cuidar tu rosal y deshacerte de esta molesta plaga.

Soluciones para combatir la roya
Primero aparecen pústulas de color anaranjado, que luego se convierten en manchas.

  • La primavera y el otoño son las temporadas en las que suele aparecer este hongo.
  • Las temperaturas ideales para que crezca este hongo están entre los 19 y los 25º C. La humedad sostenida durante 2 ó 3 horas también ayuda a la proliferación de esta enfermedad.

Toma nota de las siguientes recomendaciones que te ofrecen los expertos de la Universidad de Iowa:

  • En cuanto veas una pústula anaranjada sobre las hojas o tallos de tu rosal, arráncalos de la planta.
  • Si podas cuidadosamente las ramas muertas, podrás detener el avance de la roya, facilitarás el movimiento del aire entre las hojas y les quitarás el exceso de humedad que favorece al hongo.
  • Cómo último recurso, rocía la planta con un funguicida de azufre o de triforine. Repite el tratamiento a intervalos de 7 a 14 días, mientras continúen las altas temperaturas y la humedad sea alta, favorable a este hongo.
  • En el otoño, arranca todas las hojas infectadas y bárrelas del jardín.
  • En invierno, aplica una dosis extra de azufre en aerosol, cuando tus rosales estén hibernando.

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viernes, 4 de julio de 2008

Cómo regar las orquídeas (III)

Cuando no regamos lo suficiente
A veces, al saber que estas orquídeas no necesitan mucha agua, un jardinero inexperto decide dejar que su planta se seque sin remedio. Como hemos dicho al principio, es fundamental que cuando reguemos lo hagamos de manera abundante. Otras personas creen que con rociar con un pulverizador es suficiente para hidratar a la orquídea, pero se equivocan.

Cuando la orquídea se ha marchitado, tendremos que comprobar el estado de sus raíces para asegurarnos de que se debe a falta de riego. Normalmente, cuando falta agua, estas plantas conservan sanas sus raíces, pero se marchita su flor. Otras veces, aunque la flor no esté mustia, las hojas se caen con facilidad o no acaban de desarrollarse del todo. Todos ellos son síntomas inequívocos de que la epífita se está secando.

Para solucionar el problema, tenemos que regarla más, como es obvio. Además, regaremos con mucha agua, asegurándonos que el líquido empapa bien la tierra y llega a la base de la maceta. Tendremos que dejar que se escurra bien el agua restante y nunca dejarla reposar en platos, ya que el exceso de humedad puede arruinar sus raíces.

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jueves, 19 de junio de 2008

Cómo regar las orquídeas (II)

El tipo de agua
Las orquídeas son flores que no toleran el riego con agua rica en minerales o muy clorada. Para que una orquidácea florezca con más vigor, tiene que regarse con agua destilada. También es frecuente recurrir a ablandadores de agua, pero no todos sirven para nutrir a estas plantas.

Generalmente los ablandadores que se pueden utilizar son los que funcionan mediante intercambio de iones. Las aguas ablandadas con sodio son peligrosas para la salud de nuestra orquídea, porque, aunque aparentemente crezca, en unos meses se irá echando a perder.

Cómo salvar a una orquídea ahogada
Muchas veces, cuando vemos a la planta marchitarse, pensamos que se debe a la falta de agua, pero normalmente suele ser por lo contrario. Sacaremos con cuidado la flor de la maceta y veremos si las raíces están ennegrecidas, granulosas o deshechas. Éstos son signos inequívocos de un exceso de riego. No olvidemos una máxima: si tenemos dudas de la conveniencia o no de regar, lo mejor es no hacerlo.

Para salvar a una orquídea ahogada por los excesos en el riego, tendremos que trasplantarla a otra maceta, con tierra nueva. Eliminaremos con un cuchillo las raíces que han muerto y desinfectaremos las partes de la planta atacadas por hongos. La cambiaremos de maceta con sustrato más grueso que facilite la absorción de agua sobrante de las raíces. Con algún palo o pieza de madera que tengamos a mano, clavada en la tierra, conseguiremos que la orquídea se agarre y reinicie su proceso de desarrollo.

Recuerda que las orquídeas epífitas no tienen grandes raíces, así que, si le quedan pocas sanas, se puede introducir la flor en una bolsa de plástico transparente y dejarla en un sitio donde haya luz (aunque nunca rayos de sol directos). La planta dentro de la bolsa no perderá humedad y conseguirá desarrollar nuevas raíces. A continuación pondremos la planta sobre una bandeja de agua.

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viernes, 16 de mayo de 2008

Cómo regar las orquídeas

Una de las flores más apreciadas en el mundo de la jardinería es la orquídea. Sus formas voluptuosas y colores intensos hacen de esta planta la opción perfecta para regalar flores y adornar el jardín o el interior de una casa. Pertenecientes a la familia Orchidaceae y del tipo monocotiledónea, las orquídeas cuentan en su haber con más de 17.000 especies en todo el mundo.

Sus flores son muy vistosas y llamativas. De hecho, las orquídeas son una de las más cultivadas en la industria de la floristería y jardinería. Aunque predominan en climas ecuatoriales, las orquídeas también viven en lugares más templados. Estas plantas pueden desarrollarse en el suelo, aunque también crecen sobre ramas de árboles o en rocas, en cuyo caso sus raíces se desarrollan dentro de materia orgánica o en el aire, obteniendo el agua de un tejido acumulador que se denomina velo.

Una de las primeras lecciones que debemos aprender a la hora de cultivar orquídeas es el riego. Estas flores son tan bellas como delicadas, por eso, antes de plantar esta variedad debemos aprender cómo se le administra adecuadamente el agua.

Las primeras normas a tener en cuenta
Es muy difícil ofrecer pautas generales para regar estas flores, ya que el agua que tenemos que administrar depende de muchos factores, entre ellos, la variedad de la flor, su tamaño, el ambiente donde se encuentra, su grado de desarrollo, entre otros condicionantes. Un buen método es analizar las hojas y las raíces. Por regla general, las orquídeas epífitas, es decir, aquellas que viven sobre otras especies vegetales (ramas de árboles normalmente), suelen soportar mejor la carencia de riego que el exceso del mismo.

Lo primero que debemos saber es que, si están en maceta, nos olvidaremos del plato que se suele poner debajo del tiesto. Nunca mantendremos la base de la maceta en contacto con agua. Y nunca utilizaremos agua fría o caliente para regar, siempre agua templada o del tiempo.

Asimismo, nos informaremos bien del tipo de orquídea que tenemos, porque existen especies en las que es mejor que la tierra no se llegue a secar completamente entre riego y riego.

En verano regaremos dos o tres veces a la semana, mientras que si estamos en invierno, lo mejor es proceder al riego una vez a la semana. Siempre lo haremos por la mañana. Regaremos preferiblemente con agua abundante y pocas veces, mejor que en muchas ocasiones y con poco agua, ya que de este modo podemos pudrir nuestra orquídea.

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viernes, 11 de abril de 2008

El poto, una trepadora para el interior (II)

Los cuidados adecuados
Para que el vegetal tenga un desarrollo óptimo es imprescindible la luminosidad, aunque no es recomendable exponerlo al sol directo, ya que las hojas perderían parte de su intenso color verde. Aunque el riego moderado es necesario, el exceso de agua y los encharcamientos no son apropiados para el poto: las hojas adquieren un tono amarillento y pueden llegar a pudrirse.

Su salud será inmejorable si abonamos el sustrato durante el verano, para evitar la falta de minerales que provocarían enfermedades como la clorosis férrica. Además, las hojas lucirán todo su esplendor si limpiamos las hojas con un paño humedecido y si vaporizamos ligeramente. Para evitar que el crecimiento del follaje disminuya, podaremos regularmente los tallos.


Atento a su salud
Aunque las plagas no suelen ser un problema para el poto, en ocasiones aparecen orugas o lombrices, que causarán agujeros en la superficie de las hojas, cochinillas, que las deforman y se combaten con alcohol o insecticidas, ácaros, que eliminaremos con acaricidas o rociando agua, y trips, a los que aplicaremos productos químicos específicos.

Las enfermedades son más comunes en estos ejemplares de interior. Entre ellas destaca la clorosis férrica, una deficiencia en los niveles de hierro del sustrato que solucionaremos con abonos ricos en este mineral y regando de vez en cuando con agua de lluvia. Además, también le afectan el pynthium, una clase de hongo que provoca la putrefacción de la planta y erwinia, una bacteria que aparece por un aporte excesivo de abono o por la exposición a bajas temperaturas.

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viernes, 28 de marzo de 2008

El poto, una trepadora para el interior

A la hora de crear un ambiente acogedor en el hogar, los elementos vegetales son uno de los recursos fundamentales. Tallos cortados, arreglos con flores secas y, cómo no, todo tipo de plantas de interior nos ayudarán a crear un estilo propio en recibidores o salones. Entre las más populares encontramos el poto, del género epipremmum, que pertenece a la familia de las aráceas.

Si lo que buscamos es un ejemplar que no requiera excesivos cuidados, esta liana trepadora originaria de zonas tropicales de Asia y el Pacífico es una opción segura. Además, posee una alta resistencia a periodos de sequía y a la contaminación. Sus decorativas hojas de color verde con pequeñas manchas blancas o amarillas llenarán cualquier rincón en poco tiempo, gracias a su rápido crecimiento: puede alcanzar los 40 cm. en un solo año.

Un fácil cultivo
La reproducción de cualquiera de las variedades de poto, entre las que destacan la aureum y la pinnatum, se realiza en primavera, mediante esquejes. Para ello, cortaremos de la planta madre un tallo con nudo y varias hojas. A continuación, lo plantaremos en un recipiente, en un sustrato permeable preparado con mantillo, arena y turba.

Una opción más sencilla es introducir el esqueje en agua. La raíz aparecerá en unas tres semanas y ya podremos cultivarlo en la maceta. Cuando crezca, necesitará mayor espacio para desarrollarse; aunque no es necesario trasplantarlo anualmente, conviene realizarlo cada dos años, siempre en primavera. Asimismo, si colocamos un soporte alargado en el recipiente, los tallos irán trepando a medida que ganan altura.

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